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Nuevas tecnologías y educación

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El otro día tuve la oportunidad de asistir a una conferencia de Apple sobre usos creativos del iPad en las aulas (por cierto que a los asistentes que estábamos desprovistos de algo para tomar notas nos prestaron… un iPad).
Es ya bien conocida la estrategia de Apple de colarse el escuelas, institutos e universidades a través de descuentos para estudiantes y profesores, programas de formación, etc. No soy partidario de que las empresas y sus planes de marketing metan el morro en los centros de enseñanza. Entiendo que son lugares sagrados a los que hay que entrar dejando en el felpudo cualquier brizna de interés económico o político. Pero esto es para otra entrada del blog, y además habrá que preguntar antes a la comunidad educativa.
Lo que más me sorprendió de aquella conferencia de Apple, sin embargo, fue el entusiasmo de los profesores que allí estaban por conocer nuevas propuestas, herramientas y métodos que hagan más eficaz y eficiente su trabajo del día a día. Todos parecían convencidos de estar en el sitio adecuado… Existía un clima académico, profesional, social… muy interesante.

Apple desgranó numerosas claves para dar ese giro tecnológico que necesitan nuestras aulas. Excitar el interés, la curiosidad, el ansia de descubrimiento de los alumnos poniéndose a la altura de sus nuevas expectativas. Crear nuevas dinámicas de aprendizaje redefiniendo la relación entre profesores y alumnos. Adaptar a los tiempos los sistemas de trabajo en grupo entre los chavales, añadiéndoles un componente social acorde a la forma con la que ellos mismos se relacionan…
Todo lo ejemplificaron con infinidad de aplicaciones desarrolladas para sus soportes tecnológicos, eso sí.

El pasado mes de enero, la ciudad Nueva York invirtió 1,3 millones de dólares en la adquisición de iPads para equipar las aulas de sus escuelas públicas.
Entiendo que puede ser una intervención puntual que, tal y como me aseguran, la inversión en tecnología en las escuelas de NYC va por barrios…
Me pregunto cuánto tiempo ha de pasar hasta que todos estos avances tecnológicos se generalicen en las aulas de la educación en España.

La nuevas tecnologías evolucionan a un ritmo frenético, exponencial, y están calando en nuestros usos y costumbres sociales sin que nos demos cuenta. Sólo las primeras generaciones de nativos digitales son capaces de asimilar sin atragantarse las posibilidades de los nuevos dispositivos, así como las nuevas ofertas de información, socialización y ocio que los acompañan.
Nunca como ahora los jóvenes han recibido en su tiempo de ocio tal avalancha de estímulos basados en cientos de piezas información digital e interacción multimedia…
Y esa sobreestimulación es contra la que tienen que competir nuestros profesores cada lunes al pedir a sus alumnos que vayan a la página tal del libro cual. ¿Son esos todos los recursos a los que pueden aspirar?

Sin ayuda de la tecnología, la función educativa resultará cada vez más difícil para nuestros profesores y menos estimulante para los chicos. Las consecuencias son fáciles de adivinar.

Sin querer entrar en el debate de la gestión política de la educación pública, ni de la omisión consciente o no de los nuevos paradigmas de la educación (que darían para cientos de entradas del blog), sí que me gustaría llamar la atención sobre esta brecha que existe en España entre el sistema educativo y las nuevas tecnologías.

Espero que recuperar el tiempo perdido no nos lleve esperar 10 años: momento en el que los nativos digitales ocupen plazas de maestro o puestos de gobierno. Esperar a que exista una sociedad que sea verdaderamente consciente de la importancia de las nuevas tecnologías, y que esté comprometida con su uso en la administración de la educación, la sanidad, la justicia… Sólo una sociedad realmente tecnologizada puede crear el clima en el sea posible poner al día nuestro sistema educativo.

El problema es de mayor calado de lo que parece. Tarea pendiente de pensadores, sociólogos y políticos. A mi sólo se me ocurren algunas preguntas a nivel de usuario ¿Realmente se ponen al día nuestras aulas con la adquisición puntual y oportuna de ordenadores portátiles? ¿Qué hay del software? ¿Están también equipados nuestros profesores con las herramientas adecuadas? ¿Saben qué es un colono digital? ¿Hay una estrategia y un plan de formación para ellos en la asimilación de las nuevas tecnologías educativas? -no me refiero al cursillo de Power Point,…-. ¿Tienen TODAS las aulas un proyector multimedia propio? ¿Cuántos proyectores multimedia se pueden comprar con un millón de euros? ¿Cuántos iPads? ¿En qué cantidad de disparates se han gastado la simbólica cifra de un millón de euros cualquier entidad pública a lo largo de los últimos años? ¿Vamos a pagar nuestra deuda hipotecando la calidad de la educación de nuestros hijos?
La vuelta a las aulas de cada lunes debe suponer para nuestros hijos un viaje al futuro y no al pasado. Queda mucho por hacer y he de reconocer que es un reto apasionante. Nunca es tarde.